jueves, 9 de septiembre de 2010

oh vida triste!

America es una máquina, devora hombres y voluntades. Devora personas, lo que es peor. Y escupe, defeca seres deshechos y desdichados a su baño trasero, a su vecina pobre y pedigüeña. Que aún tratan de entrar en sus dominios reservados para un mundo de ensueño, por el desierto, con visas chimbas, como sea hijueputa, todos quieren entrar a este rumbiadero del infierno como sea, como se pueda, a lavar baños, a peinar sapos, alo que sea, donde un restaurantero filipino, un malparido cualquiera, el que sea, como sea, aca todo es como sea, al precio que sea, acá el rebusque adquiere dimensiones épicas, acá el que piense pierde, esto lo que es es un mierdero.Y todo vale. Un hijupeuta celular cobra hasta por entrar llamadas. Más de uno dirá "ahh guevon, compró el más barato, el prepobre más barato". Si, en efecto, cáguense de la risa: compré uno por twenty bucks...que no tiene sim-card, es de los antiguos. Con esa platica me voy a la 13 con caracas y me compro una flechita...pero con sim.

Llego a mi casa, lo voy a activar y me dicen que no sirve, que en esa área no se trabaja con esa tecnología, que me mandan uno nuevo, con sim card, totalmente gratis. pero se demora...listos? 10 dias!!!!!!! Ja ja, eso es el primer mundo? a la verga, yo me devuelvo pa mi selva, allá siquiera un hp celular sirve.Este pais es pa bobos. La primera vez que vine fue todo muy diferente, ahora que vengo a camellar, como don nadie, uff! que heavy es esta mierda. Pura cabina toca echar. Veo más putas colombianas acá que en el santafé. Donde estará mi mona de 1.80? donde estará mi Amber Michaels? mi Ryan Conner?. Negras hay de lo lindo, pero acá me da culillo, porque es que acá una callejera es una callejera, eso es un asunto ni el hp, porque esas viejas de lejitos, desde donde he procurado mantener mis habitos de acecho, se ven muy paila, acá una callejera es lo más bajo que hay, es intocable. Ni yo le meto mano a eso. Las frecuentan manes cuchos, severos pervertidos parece, pero no he podido detallar la cosa. la otra es que acá la ley no se anda con huevonadas. Policías se disfrazan de perras y cuando uno les canta la vuelta, paila, pierde, lo guardan y le arman peo y estos tombos se toman su mierda en serio, acá no es jodiendo.

Hice un tour por el valle, un tour especial para conocer locaciones de peliculas famosas, casa de actrices porno, puticas, una delicia, pero de aquello nada. El problema es que acá no conozco quien me pueda guiar en este asunto, antiguo para mi, pero en el que aun soy un neófito, no me atrevo a traer una puta a la casa, porque uff! eso sale literalmente por un ojo de la cara y boleteo el cambuche. Lo más salvaje es una reunión de fetichistas que van a hacer en una ciudad cerca de acá, pero no se si pueda ir. Pero eso si, si voy.. sería mi graduación de pervertido oficial, me la gozo de pies a cabeza.La verdad si, extraño el santafé. Ya sabia a donde ir, a donde llegar, me recibían joya, pero acá si repaila. Perdonen la comparación pero es lo unico que extraño de colombia. Lo demás se puede quedar en el saco del olvido donde lo metí ja ja.

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viernes, 3 de septiembre de 2010

Poco a poco

me voy dando cuenta como uno vive prisionero del lugar donde vive. El entramado social lo hace a uno de una manera determinada, yo viví en un a cabeza de alfiler y ese era mi mundano mundo. El santafé era para mí, el epítome del placer. Era para mí la significación suprema del placer. Mi errabunda y taciturna figura era el obstáculo perfecto de las luces de neón que dibujaban la sombra de mi existencia mustia y cicatera, que medía los centímetros de las cinturas al ojo limpio para buscar placer alquilando anos y vaginas. llegué a apropiarme de mi espacio vital, mi oikos era el santafé, mi techo, mi sustento, mi alma y me trasegar estan impresos por esas calles. Mi presencia es objeto constante, la ennergía de cada milimetro de sus calles está impregnada con el ectoplasma de mis placeres y pecados, elevados a la categoría épica por su fina calidad, su energía y vibración eterna.

Mi rubrica personal está tatuada la carne elusiva de mujeres preciosas y excepcionales, de putas de todos los ámbitos y exhuberancias. Yo, pecador impío, desligado de restricción e intención valerosa de contener mis apetitos carnales, he hecho un festín de mis bondades carnales. he extraido el producto espirituoso de cada sensación pasional que la naturaleza me ha ofrecido a bien resguardo en mi cuerpo repleto de insatisfacción, hambriento devorador de libaciónes femeninas. Jamás me he restringido el menor gramo de pasion por una mujer, que descifro en cada ocasión, que jamás me sacia, que se renueva cada día. No existe un placer más exquisito que una mujer. No hay pecado más dulcemente mortal que desvanecer la persona ante una alabanza eterna a los encantos femeninos. No hay cosa más deliciosa, invención más perversa que una mujer.

Y desde una óptica global, el santafé apenas un microcosmos, apenas una célula de un cuerpo enorme de posibilidades todas exquisitamente pecaminosas, se aparece ante mi como una epifanía el zenith de las posibilidades para alcanzar el nirvana del placer. Tiemblo ante la grandeza del paraíso de la perdición. me sudan las manos, se me corta el aliento, la adrenalina corre por mis celulas, impetuosa, grosera e invasiva. Mi cuerpo apenas soporta la carga emocional de la felicidad, de la revelación que me enmudece y me reduce a un microorganismo unicelular ad portas del paraíso. Jamás mi imaginación febril y virulenta había podido si quiera construir una fantasía cercana a la decandencia que se desnuda ante mi.

El gozo es total. Por fin, me elevo en espíritu, abrazo la felicidad trascendente, miro mi reloj y en el reflejo dela cubierta veo mi rostro, desdibujado por el placer, veo a mi persona, carente de coenciencia, apenas me reconozco, apenas puedo creer que esta encarnación es mia, que la suerte me ha bendito con el regalo máximo, con la libertad absoluta, en gozo máximo de la concupiscencia desvergonzada, absoluta y plena. Y la confusión abre paso a la realidad. Si, estoy en el paraíso. Estoy en la meca de mis adoraciones carnales. Yo siempre pensé que la entrada al paraíso se daba en forma espiritual. Y de hecho es así, con el regalo supremo de poder llevar el cuerpo para extraer el zumo del placer a través de él. Yo, Maestro Jhonatan, un sátiro pueril, capitalino carente de ambiciones, insignificante para el ser, odiador de lo terreno, del globo azulado y su contenido, enemigo enjundioso de cupido, sembrador de odio y cosechador de penas, amoral figura del abyecto camino, dios bestia, faro de los decadentes, estrella de la noche eterna, guía en la noche a la perdición, rey de los caidos, anfitrión del teatro del soliloquio maldito, tramoyista de la escena pérfida, yo, pequeño e insignificante, me presento ante tí oh! paraíso esquivo, presento mis credenciales de putologo tercermundista ante tu magnánima comarca, espernado mi pobre aliento sea suficiente para alimentar to maquinaria de placeres. Me rindo ante tí, postrado y en actitud de alabanza oh mi amado Valle de San Fernando!.

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